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Hace
más de 4.000 años, el valle de Murcia era zona de pantanos,
y el hombre neolítico cazaba por sus alrededores, aunque vivía
en chozas sobre cabezos y estribaciones de nuestra sierra (Cabezo
de Santa Catalina, Monteagudo, Cabezo del Buitre...). Era un
hombre de gran estatura, que hacía incursiones por los bosques
de encinares en busca de caza. Así fue como pintó, en su cerámica,
a los animales que conocía: ciervos, lobos, corzos... El hombre
neolítico enterraba a sus muertos en cuevas.
Pero entre el 1800 y el 1700 a.C. apareció otro tipo humano
en la región, que además es único en la zona de levante. Nos
referimos al hombre argárico, más pequeño que el anterior, cazador,
pero ya conocedor de una agricultura rudimentaria. Comerciaba
mediante el trueque con pueblos que, venidos por mar, remontaban
el Segura en sus barcos. Eran los fenicios, de quienes el hombre
argárico conoció también los metales.
Así
que estos hombres primitivos debieron habitar cómodamente en
la región, en poblaciones de 100-200 individuos. Enterraban
a sus muertos en sus propias casas (Poblado de las Peñicas en
Cobatillas o el Puntarrón Chico) utilizando el enterramiento
en cista, túmulo, cobacho o urna con su tesorillo de armas y
útiles del difunto. Sus flechas y puñales ya no eran de sílex,
sino de cobre, y conocían el oro y la plata gracias a los fenicios.
Los
Iberos se establecieron en el valle entre los siglos VI al IV
a.C. Conocían el hierro y eran recolectores, cazadores y grandes
guerreros. Vivían en poblados fortificados en las estribaciones
de la sierra y sus cerámicas representaban a los animales de
la zona: cabras, lobos, peces...Incineraban
a sus muertos y guardaban sus cenizas en vasijas. Tenían santuarios
donde hacían ofrendas a sus dioses con figurillas de bronce,
de caballos y toros (Cabezo de la Luz).
Los
romanos llegan a nuestras costas en el siglo II a.C. Construyen
calzadas romanas de la costa al interior, que pasan por Sucina,
El Garruchal y la Cadena y bajan hasta Murcia, donde se unían
con la Vía César Augusto, que desde Sagunto llegaba a Andalucía.
Los romanos se establecieron en los asentamientos de las culturas
anteriores. Tenían canteras de piedra en Espinardo, de yeso
en el Miravete y de hierro y plomo en Carrascoy. Se conservan
restos de asentamientos romanos en Puente Tocinos y Cabezo del
Puerto.
Los árabes entran en la península en el año 711 de nuestra era.
Expulsan a los visigodos del valle y se instalan en guarniciones
militares que poco a poco irán agrandando. Desecan el valle,
canalizando el agua en acequias. Construyen presas como la de
la Contraparada y elevan el agua en norias de madera. El resultado
es una tierra de cultivo muy fértil: la Huerta de Murcia.
Poco
a poco se van estableciendo agricultores y comerciantes y fundan
la ciudad de Murcia en el año 825. Los árabes recorrían la sierra
en busca de plantas aromáticas y medicinales y tenían canteras
de piedras de molino en la Rambla del Puerto, de yeso en el
Miravete, hierro y cobre en Carrascoy.
En
el año 1147 el gobierno de Ibn Mardanish -llamado Rey Lobo por
los cristianos-, se sublevó contra las doctrinas de África y
luchó por la independencia de los hispano-musulmanes. Pactó
con los cristianos de la península y formó un ejército que luchó
con éxito contra los almohades. Murcia fue entonces la capital
de un nuevo estado y, seguramente, jamás volvió a ser tan importante.
Prueba de ello son los Castillos del Cabezo de Torres, Larache,
Castillejo y Monteagudo. Así como los del Cabezo del Puerto
(Asomada-Portazgo).
En el año 1243, el príncipe don Alfonso, hijo de Fernando III
el Santo, recibe la ciudad de Murcia de manos del reyezuelo
moro Aben Hud. Es así como se afianza definitivamente la presencia
cristiana. Pero entre éstos, perduraron moriscos agricultores,
orfebres, tintoreros, etc. hasta que a comienzos del siglo XV,
los Reyes Católicos unifican España y los expulsan. No olvidemos
que el encanto de nuestra huerta se lo debemos a los árabes.
En los últimos siglos, el municipio de Murcia es el centro que
acapara todo el comercio de los productos de la región y la
ciudad es el eje de las transacciones. Crecerán los pueblos
y se sobreexplotarán los recursos naturales, hasta encontrarlos
tal y como los vemos hoy día.
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