Numerosos
estudios científicos han demostrado los efectos
beneficiosos que aporta el ejercicio físico para
la salud cuando se practica de forma regular, y los efectos
negativos a que da lugar la inactividad física.
Tanto es así que se puede afirmar que si todos
los beneficios que produce el ejercicio físico
se pudieran incluir en una pastilla, sería la medicación
más recomendada por los médicos.
La inactividad física es un importante factor
de riesgo de enfermedad cardiovascular por sí
mismo, que además es capaz de influir sobre otros
factores, como demuestra la relación entre la
práctica de ejercicio físico y la disminución
del consumo de tabaco, el aumento de HDL colesterol
(conocido entre la población como colesterol
bueno), el retraso en la aparición de diabetes
tipo 2 y la disminución del sobrepeso y la obesidad.
La práctica de ejercicio físico durante
30 minutos al día en una sola sesión,
o en varios periodos de al menos 10 minutos de duración,
con una frecuencia mínima de 3 a 5 días
o más días por semana, reduce el desarrollo
y mejora el control de algunas enfermedades crónicas
como la hipertensión, la diabetes, la obesidad,
las enfermedades cardiovasculares, la osteoporosis y
muchos tipos de cáncer.
Además, el ejercicio produce un aumento del
bienestar físico, mental y social de la población,
disminuyendo la mortalidad y prolongando la vida. En
definitiva, no sólo aumenta el tiempo de vida
sino la calidad de la misma.
La población general conoce, al menos de manera
superficial, estos beneficios; sin embargo, la práctica
habitual y continuada de ejercicio físico por
los españoles es insuficiente.
Entre las múltiples razones del aumento de la
vida sedentaria, destaca el valor cultural que tiene
el ejercicio físico. En nuestra sociedad, la
actividad física tradicionalmente no se ha considerado
como un valor positivo y una necesidad fundamental para
la persona, asociándose más a la idea
de trabajo o de competición deportiva que al
placer de realizar ejercicio. Sirva como ejemplo el
uso que habitualmente se hace de la palabra comodidad,
que suele ir asociada a una situación de reposo.
¿COMODIDAD?
Además, muchas de las mejoras de productividad
social y económica de la sociedad del bienestar
han ido parejas a la disminución del esfuerzo
y la actividad física, produciendo un mayor refuerzo
en la idea del subconsciente colectivo de que la comodidad,
entendida como inactividad física, es buena.
Las consecuencias en las costumbres se manifiestan
en el excesivo uso de medios de transporte mecanizados,
la tendencia creciente a las actividades pasivas durante
el tiempo de ocio y la reducción de la actividad
física en el medio laboral.
La inactividad de la población también
tiene coste, como demostró el doctor Michael
Pratt, del Centro de Control de Enfermedades de Atlanta,
en un estudio publicado en octubre del año 2000
en la revista The physician and sport medicine,
en el que los individuos mayores de 15 años que
realizaban ejercicio físico tres días
por semana o más tenían una media de gasto
por servicios médicos de 1.220 euros anuales,
en contraste con las personas sedentarias, que mostraban
un gasto medio de 1.610 euros.
Una diferencia de gasto de 410 euros por persona inactiva;
diferencia que aún era mayor en las mujeres con
edad por encima de los 55 años, que era el grupo
de edad que más se beneficiaba de la práctica
de ejercicio.
En esta diferencia intervienen, según explican
los autores de este estudio, tres factores que son fundamentales:
menos días de hospitalización, gastos
inferiores en medicamentos y visitas menos frecuentes
a la consulta del médico. F01
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