Publicado en LA VERDAD el 26 de mayo de 2007
 
 
 



La obstrucción del riñón, causa principal de la pielonefritis

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Las vías excretoras obstruidas también pueden provocar esta patología

MARIOLA ROBLES SUPERVISORA ENFERMERÍA HOSPITAL DE MOLINA


La pielonefritis es una infección del riñón y de los conductos que sacan la orina o uréteres. Se presenta con frecuencia como resultado de una infección urinaria, particularmente en presencia de reflujo de orina, ocasional o persistente, de la vejiga hacia los uréteres o la pelvis renal. La pielonefritis puede ser clasificada como aguda no complicada o desarrollo súbito de inflamación renal, pielonefritis crónica o infección prolongada que no se resuelve, o de nefropatía por reflujo, que es una infección que se presenta cuando hay obstrucción. Aunque la cistitis o infección de la vejiga es común, la pielonefritis se presenta con mucha menos frecuencia. El riesgo aumenta si existen antecedentes de la misma o de infección urinaria crónica o recurrente, y cuando la infección es provocada por un tipo de bacteria particularmente agresiva.

Factores que predisponen a padecer pielonefritis son la pobreza o el ambiente hospitalario; también de carácter urológico como las sondas, anomalías, cálculos u obstrucción. En la mujer diabética el número de infecciones es mayor, así como durante la gestación o embarazo. También se da la infección en niños y el reflujo vesico- renal.

El factor de riesgo más importante es la obstrucción, porque permite un mayor crecimiento y penetración de los gérmenes en los riñones y resulta decisiva en la destrucción renal. Los anticonceptivos tipo barrera aumentan cuatro veces el riesgo de infección, que se ve acrecentada en cuarenta si la mujer es sexualmente activa. Otras complicaciones son: recurrencia de pielonefritis, absceso perinefrítico o infección alrededor del riñón, septicemia e insuficiencia renal aguda.

Los síntomas de que algo relacionado con nuestro riñón va mal pasan por el dolor en el costado o la espalda, un dolor abdominal severo con fiebre, escalofrío y temblor, o piel caliente, colorada, enrojecida o húmeda, además de por los vómitos y náuseas. También puede dar la cara con síntomas de fatiga, malestar general o micción dolorosa con incremento de la frecuencia y urgencia urinaria.

Por su parte, la orina puede tener un color anormal o mostrarse turbia, con sangre y olor. Algunas veces, en las personas de edad avanzada, los cambios mentales o la confusión son las únicas señales de una infección del aparato urinario. En cualquier caso, los objetivos del tratamiento se dirigen a controlar la infección y a reducir sus síntomas. Éstos se resuelven generalmente entre 48 y 72 horas después del inicio del tratamiento adecuado.

LA HIGIENE, VITAL

Las recomendaciones para prevenirla son de tipo higiénico, como mantener limpia la zona de los genitales y limpiarlos de delante hacia atrás, ya que así se reducen las posibilidades de llevar bacterias a la uretra. También la micción inmediatamente después de una relación sexual, que puede ayudar a eliminar bacterias que se hayan introducido. El hecho de postergarla puede llevar a las bacterias a multiplicarse, aumentando los riesgos de sufrir cistitis en las personas que son propensas a las infecciones urinarias. Inicialmente, pueden emplearse antibióticos intravenosos para controlar la infección bacteriana, si ésta es severa o si el paciente no puede tomar antibióticos por vía oral.

En casos agudos de pielonefritis se pueden administrar antibióticos entre 10 y 14 días. La pielonefritis crónica puede requerir terapia antibiótica a largo plazo y es indispensable que el paciente termine los antibióticos prescritos.

En cuanto a la alimentación, hay que aumentar la ingesta de líquidos hasta tres litros al día, evitar picantes y especias, tabaco, alcohol y cafeína. La sopa de cebolla, apio y tomillo favorece la producción de orina y la eliminación de gérmenes. El zumo de naranja y arándanos, de alto contenido en vitamina C, resulta muy eficaz sobre todo si el problema se vuelve crónico. El riñón y las vías urinarias son muy sensibles al frío, por lo que un baño caliente y una buena infusión diurética pueden resultar de gran ayuda.



 


 
 
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