La enfermedad de Parkinson supone uno de los más importantes trastornos para el sistema nervioso central. Tiene su origen en la degeneración del grupo de neuronas que se sitúan en una zona cerebral conceptuada como ganglios basales, y en la denominada área o sustancia negra localizada en el tronco del encéfalo.La sistematología del Parkinson se traduce fundamentalmente en alteraciones del movimiento y tiene como consecuencia la aparición de temblores, rigidez muscular, lentitud o bradicinesia de movimientos, anomalías en la postura, anomalías en el andar y trastornos del equilibrio. La razón estriba en una reducción del nivel de dopamina o neurotransmisor implicado en la regulación de los movimientos.
La enfermedad de Parkinson fue descubierta por el inglés James Parkinson en el año 1817. Este médico la llamó parálisis agitante, aunque posteriormente recibió el nombre de su descubridor, ya que éste describió con exactitud los signos y síntomas de la enfermedad.
La enfermedad de Parkinson afecta a unos cuatro millones de personas en todo el mundo. En nuestro, más de 100.000 personas padecen esta patología, y cada año surgen veinte nuevos casos de enfermos de Parkinson por cada 100.000 habitantes, lo que en nuestra Región se traduce en una cifra de 250 nuevos afectados cada doce meses. La enfermedad de Parkinson tiene un carácter crónico, afectando de diferente forma a las personas que la padecen. La evolución puede ser muy lenta en algunos pacientes y en otros puede ser muy rápida. No sabemos cuál es el origen de la enfermedad. Los últimos datos parecen decantarse por un origen basado en la degeneración neuronal, favorecida por una susceptibilidad genética o la influencia de sustancias tóxicas.
La frecuencia de la enfermedad de Parkinson aumenta con la edad. Los síntomas, a veces, son sutiles y se desarrollan de forma gradual. Aunque la enfermedad no tiene una curación radical, sí que podemos, en este momento, controlar los síntomas y evitar o dilatar su progresión hasta los estadíos más avanzados. El tratamiento se basa en la aplicación de fármacos basados en la dopamina y en su metabolismo.
NUEVOS FÁRMACOS
Recientemente han aparecido fármacos como el tolcapone (Tasmar), autorizado de nuevo por la Agencia Europea del Medicamento (EMEA), que actúan como terapia coadyuvante y que logran mejorar el control de los síntomas a través de la inhibición del enzima que degrada la dopamina, sobre todo en pacientes con Parkinson avanzado.
Este tipo de fármacos consigue incrementar el tiempo que llamamos on, o tiempo con los síntomas adecuadamente controlados, a diferencia del período off, donde los síntomas se manifiestan de forma evidente. Las personas que sufren Parkinson han de encontrar un equilibrio entre los períodos on y off que permita incrementar el primero de ellos y aminorar el segundo.
En algunos casos -en menos del 20% de los pacientes- es posible realizar cierto tipo de intervenciones quirúrgicas (Estimulación Cerebral Profunda), pero su resultado es variable.
Existen terapias complementarias tales como la fisioterapia, la logopedia, etcétera. El esfuerzo de los cuidadores en ayudar a los enfermos de Parkinson requiere un reconocimiento especial por la importante carga de todo tipo, tanto física como emocional, que comporta. La creación de asociaciones, de clubes y federaciones de enfermos de Parkinson y sus familiares es una red de apoyo que esta demostrando ser un recurso de ayuda esencial para afrontar este padecimiento que afecta a un número tan alto de pacientes, y a sus familias.