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'Estamos
en guerra'
«La
campaña para eliminar el terrorismo será general
y sostenida», anuncia el presidente de EE UU George Bush
señala por primera vez a Bin Laden como el «principal
sospechoso» de los atentados «Descubrirán
lo que otros aprendieron en el pasado, que aquellos que hacen
la guerra contra Estados Unidos eligen su propia destrucción»,
advierte
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/ 09 / 01 - AGENCIAS
Preparativos
de Guerra. Bush, flanqueado por Colin Powell y Dick Cheney,
en Camp David. / reportaje fotográfico: Reuters, AP y
EFEPor primera vez en los últimos días, la cúpula
del poder estadounidense se reunió bajo un mismo techo,
pese al fundado temor de que un ataque terrorista pueda dejar
huérfano al país de un sólo golpe. La causa
que justificaba aceptar ese riesgo por unas horas era planear
la estrategia de una guerra que George W. Bush promete larga.
«Estamos planeando una campaña amplia y sostenida
para asegurar nuestro país y erradicar el mal del terrorismo»,
anunció el presidente en su discurso radiofónico
de los sábados. Bush no podía ser más claro:
«Que todo el que tenga uniforme se prepare».
El Gobierno
estadounidense no está dispuesto, sin embargo, a dar
detalles a la opinión pública antes que a sus
aliados, con cuya colaboración está resuelto a
contar. El más nuevo e insólito miembro de esta
«coalición» con la que hará la guerra
al saudí Osama Bin Laden, al que Bush se refirió
por primera vez como «el principal sospechoso» de
los atentados del martes, es Pakistán. Washington había
aceptado con desconfianza la oferta de colaboración ofrecida
por el mandatario de este país, pero ayer parecía
satisfecho con su respuesta.
Dosis
de patriotismo
«Hemos puesto delante del Gobierno pakistaní una
lista específica de cosas en las que requerimos sus colaboración,
y las han aceptado todas», contó el secretario
de Estado Colin Powell, desde la cabaña de la residencia
vacacional de Camp David donde se llevan a cabo los preparativos
de la guerra. La respuesta pakistaní era doblemente agradecida
al haber pasado por alto las amenazas de Afganistán,
que promete cobrarse los ataques en la piel de sus vecinos que
decidan pasarse al bando occidental.
«Este
es un conflicto sin campos de batalla o playas en las que desembarcar»,
explicó Bush a los americanos, tras pedirles paciencia.
«Un conflicto con oponentes que se creen invisibles, aunque
se equivocan. Los expondremos. Descubrirán lo que otros
aprendieron en el pasado, que aquellos que hacen la guerra contra
Estados Unidos eligen su propia destrucción».
La arrogancia
de tales palabras era, sin embargo, la dosis de optimismo y
patriotismo que requiera un país confuso y humillado
que aún busca entre los escombros los restos de miles
de muertos. Las ruinas de las Torres Gemelas que visitase la
víspera el comandante en jefe son sólo «los
signos de la primera batalla de la guerra».
Reactivar
el país
De entre los secuestradores que se hicieron cargo de cuatro
aviones para estrellarlos como misiles contra los símbolos
del poder americano, Bush aseguró que ya se han identificado
completamente a 19, que son sólo el principio. «Llenaremos
de humo sus agujeros y les obligaremos a salir corriendo. No
lo haremos sólo con quienes se atrevieron a atacar América,
sino con aquéllos que les dan puerto y los alimentan»,
prometió.
El objetivo del Gobierno federal es poner al país en
marcha antes de pasar a la acción. No es que se vaya
a lograr la normalidad absoluta, ni que haya llegado el momento
de coger aviones como si lo del martes no pudiera volver a repetirse.
Bush pidió a los americanos que vuelvan mañana
a sus trabajos y negocios, «pero con un altísisimo
sentido y conciencia de que un grupo de bárbaros ha declarado
la guerra al pueblo americano».
Para el presidente que fuese propietario de un equipo de béisbol
en Texas, y que prefiere ver los deportes a leer las noticias,
lo primero que cabía destacar es que «la liga mayor
de béisbol va a comenzar a jugar de nuevo», anunció
con seriedad. La prioridad del Gobierno, sin embargo, es poner
en marcha los mercados financieros a primera hora del lunes
para evitar que la economía mundial colapse. Este es
el plazo máximo que había lanzado el presidente
del New York Stock Exchange para reabrir la Bolsa.
Bonos
de guerra
Ayer mismo comenzaron las pruebas para medir el estado en que
ha quedado el sistema informático que permite conectar
a Wall Street con el mundo al segundo. Una docena de edificios
colindantes al desaparecido Wall Trade Center no podrán
volver a acoger a sus inquilinos, debido al temor a nuevos derrumbes.
Las oficinas que albergaban, entre ellas, el Dow Jones, han
elegido temporalmente otros destinos en la ciudad y en New Jersey.
Todo ello puede cambiar definitivamente el perfil de lo que
se conocía como el centro financiero de Nueva York, aunque
no será lo único nuevo.
Los inversores se encontrarán próximamente con
un producto financiero al que nadie ha podido optar desde la
II Guerra Mundial: los bonos de guerra. Estos títulos
que tendrá que emitir el Departamento del Tesoro, a petición
expresa del Congreso, si se aprueba la medida introducida el
viernes por la noche, están destinados a financiar la
primera guerra del siglo XXI, que, en palabras de Bush, «no
será corta». Aún se desconocen las condiciones
especiales de esos títulos, que, por lo general, deben
conceder incentivos fiscales a los inversores.
Con ello, el Congreso, que ya da por perdido el famoso superávit,
pretende garantizar la alimentación económica
de un conflicto que se extenderá «lo que sea necesario»,
dijo Bush por toda estimación.
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