Especial Terror en Estados Unidos

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Especial Terror en Estados Unidos

'Estamos en guerra'

«La campaña para eliminar el terrorismo será general y sostenida», anuncia el presidente de EE UU George Bush señala por primera vez a Bin Laden como el «principal sospechoso» de los atentados «Descubrirán lo que otros aprendieron en el pasado, que aquellos que hacen la guerra contra Estados Unidos eligen su propia destrucción», advierte

16 / 09 / 01 - AGENCIAS

Preparativos de Guerra. Bush, flanqueado por Colin Powell y Dick Cheney, en Camp David. / reportaje fotográfico: Reuters, AP y EFEPor primera vez en los últimos días, la cúpula del poder estadounidense se reunió bajo un mismo techo, pese al fundado temor de que un ataque terrorista pueda dejar huérfano al país de un sólo golpe. La causa que justificaba aceptar ese riesgo por unas horas era planear la estrategia de una guerra que George W. Bush promete larga. «Estamos planeando una campaña amplia y sostenida para asegurar nuestro país y erradicar el mal del terrorismo», anunció el presidente en su discurso radiofónico de los sábados. Bush no podía ser más claro: «Que todo el que tenga uniforme se prepare».

El Gobierno estadounidense no está dispuesto, sin embargo, a dar detalles a la opinión pública antes que a sus aliados, con cuya colaboración está resuelto a contar. El más nuevo e insólito miembro de esta «coalición» con la que hará la guerra al saudí Osama Bin Laden, al que Bush se refirió por primera vez como «el principal sospechoso» de los atentados del martes, es Pakistán. Washington había aceptado con desconfianza la oferta de colaboración ofrecida por el mandatario de este país, pero ayer parecía satisfecho con su respuesta.

Dosis de patriotismo

«Hemos puesto delante del Gobierno pakistaní una lista específica de cosas en las que requerimos sus colaboración, y las han aceptado todas», contó el secretario de Estado Colin Powell, desde la cabaña de la residencia vacacional de Camp David donde se llevan a cabo los preparativos de la guerra. La respuesta pakistaní era doblemente agradecida al haber pasado por alto las amenazas de Afganistán, que promete cobrarse los ataques en la piel de sus vecinos que decidan pasarse al bando occidental.

«Este es un conflicto sin campos de batalla o playas en las que desembarcar», explicó Bush a los americanos, tras pedirles paciencia. «Un conflicto con oponentes que se creen invisibles, aunque se equivocan. Los expondremos. Descubrirán lo que otros aprendieron en el pasado, que aquellos que hacen la guerra contra Estados Unidos eligen su propia destrucción».

La arrogancia de tales palabras era, sin embargo, la dosis de optimismo y patriotismo que requiera un país confuso y humillado que aún busca entre los escombros los restos de miles de muertos. Las ruinas de las Torres Gemelas que visitase la víspera el comandante en jefe son sólo «los signos de la primera batalla de la guerra».

Reactivar el país

De entre los secuestradores que se hicieron cargo de cuatro aviones para estrellarlos como misiles contra los símbolos del poder americano, Bush aseguró que ya se han identificado completamente a 19, que son sólo el principio. «Llenaremos de humo sus agujeros y les obligaremos a salir corriendo. No lo haremos sólo con quienes se atrevieron a atacar América, sino con aquéllos que les dan puerto y los alimentan», prometió.

El objetivo del Gobierno federal es poner al país en marcha antes de pasar a la acción. No es que se vaya a lograr la normalidad absoluta, ni que haya llegado el momento de coger aviones como si lo del martes no pudiera volver a repetirse. Bush pidió a los americanos que vuelvan mañana a sus trabajos y negocios, «pero con un altísisimo sentido y conciencia de que un grupo de bárbaros ha declarado la guerra al pueblo americano».

Para el presidente que fuese propietario de un equipo de béisbol en Texas, y que prefiere ver los deportes a leer las noticias, lo primero que cabía destacar es que «la liga mayor de béisbol va a comenzar a jugar de nuevo», anunció con seriedad. La prioridad del Gobierno, sin embargo, es poner en marcha los mercados financieros a primera hora del lunes para evitar que la economía mundial colapse. Este es el plazo máximo que había lanzado el presidente del New York Stock Exchange para reabrir la Bolsa.

Bonos de guerra

Ayer mismo comenzaron las pruebas para medir el estado en que ha quedado el sistema informático que permite conectar a Wall Street con el mundo al segundo. Una docena de edificios colindantes al desaparecido Wall Trade Center no podrán volver a acoger a sus inquilinos, debido al temor a nuevos derrumbes. Las oficinas que albergaban, entre ellas, el Dow Jones, han elegido temporalmente otros destinos en la ciudad y en New Jersey. Todo ello puede cambiar definitivamente el perfil de lo que se conocía como el centro financiero de Nueva York, aunque no será lo único nuevo.

Los inversores se encontrarán próximamente con un producto financiero al que nadie ha podido optar desde la II Guerra Mundial: los bonos de guerra. Estos títulos que tendrá que emitir el Departamento del Tesoro, a petición expresa del Congreso, si se aprueba la medida introducida el viernes por la noche, están destinados a financiar la primera guerra del siglo XXI, que, en palabras de Bush, «no será corta». Aún se desconocen las condiciones especiales de esos títulos, que, por lo general, deben conceder incentivos fiscales a los inversores.

Con ello, el Congreso, que ya da por perdido el famoso superávit, pretende garantizar la alimentación económica de un conflicto que se extenderá «lo que sea necesario», dijo Bush por toda estimación.

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