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Terrorismo
Globalizado
Hemos
visto en directo el arranque de la guerra de los mundos.
El descomunal ataque, que pone en entredicho el escudo antimisiles,
ha sido contra el poder económico, político y
militar del Imperio. «Las torres que desprecio al aire
fueron» son ahora un montón de escombros y es de
suponer, en esta hora en la que todo es confusión, que
en el Pentágono se hayan quemado no sólo documentos,
sino cantidades incalculables de orgullo americano.
No se sabe
mientras escribo si los pilotos suicidas han atinado contra
otros objetivos. De momento, ni la estatua de la Libertad ni
el Madison están ardiendo. Se habla de cientos, de miles
de víctimas, pero serán más, muchas más:
seremos todos. La demencia terrorista es ecuménica. Inmensos
cultivos de odio están germinando y se ha producido un
hecho nuevo: la nación más poderosa del mundo
ha sido bombardeada con aviones. Hasta esta fecha, que será
clave en la turbulenta Historia de este mal avenido planeta,
los norteamericanos habían tenido la admirable previsión
de entablar todos sus conflictos bélicos fuera de su
territorio. Es la primera vez que tienen una guerra a domicilio
y ahora se registra la gran matanza en la Gran Manzana.
El mundo
está alerta. El terrorismo es el enemigo número
uno, pero quizá esté precedido por los que hacen
posible la desesperación de muchos seres humanos, que
dejan de serlo. ¿Quienes son los que han demostrado su
capacidad de destrucción de una manera tan bárbara?
Arafat ha expresado su condolencia. ¿Quién organizó
la salvajada? Lo más fácil es reclutar fanáticos,
pero la pregunta es la de siempre: ¿quién ha pagado
todo esto? Lo único cierto es que vamos a pagarlo todos.
Nueva York y Washington han sido atacados brutalmente, pero
Pearl Harbour está en todas partes. ¿Quién
puede hablar hoy de otra cosa que no sea de esta tragedia increíble?
Traerá otras, por supuesto. Tristemente, llegamos a la
misma doble conclusión: el mundo no tiene arreglo ni
queremos ponérselo.
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