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El
régimen talibán rechaza la «segunda oportunidad»
ofrecida por George Bush
El
presidente americano afirma que reconsideraría el ataque
a Afganistán si Osama Bin Laden era entregado
13
/ 10 / 2001 AGENCIAS
«Lo
diré de nuevo: Si nos entregáis a Bin Laden y
a su gente, reconsideraremos lo que vamos a hacer con vuestro
país. Todavía tenéis una segunda oportunidad».
George W. Bush, en su discurso de la madrugada de ayer hora
española advirtió que Estados Unidos y el
mundo entero tendrán toda la mano dura que haga falta
para derrotar al terrorismo, pero que esa misma mano se puede
tender amistosa a quienes demuestren la intención de
enmendar pasados errores.
Pero la
política de «compasión», que tanto
juego le dio durante su lucha electoral con Al Gore, no tuvo
éxito con el líder supremo de los talibán,
el mulá Mohamed Omar, quien rechazó una vez más
la entrega del terrorista saudí Bin Laden porque es,
en su opinión, contraria a los principios del Islam.
Omar no
sólo se defendió ante las amenazas de Bush, sino
que emprendió el camino de la ofensiva al calificar la
operación militar contra su país de «acto
terrorista» que ha costado ya la vida a más de
doscientos civiles.
La oferta
de Bush, lanzada en un tono casi bíblico a los terroristas
como «los que hacen el mal», abrió la posibilidad
de un arrepentimiento a algunos países «dudosos»
y vino seguida del anuncio de congelación de nuevas cuentas
de Al-Qaida y los talibán.
Según
el inquilino de la Casa Blanca, los atentados del 11 de septiembre
a Washington y Nueva York fueron «un ataque al corazón
y el alma del mundo civilizado. Y el mundo se ha unido para
luchar en una guerra nueva y diferente, la primera, y espero
que la última, del siglo XXI, contra aquellos que intentan
exportar el terror y contra los gobiernos que les apoyan o cobijan».
Además
del frente diplomático, en el frente militar destacó
que que se ha «preparado una campaña sostenida
para sacar a los terroristas de los agujeros en que se esconden
y llevarlos ante la Justicia. Todas las misiones están
siendo ejecutadas tal como habían sido planeadas. Al
mismo tiempo, estamos mostrando la compasión de América
distribuyendo alimentos y medicinas al pueblo afgano, que es,
él mismo, víctima de un régimen represivo».
Bush no
llegó a explicar cómo se conjugan esta segunda
oportunidad a los talibanes y este ataque frontal contra el
régimen. Más bien, puso varias otras condiciones
adicionales a los actuales mandatarios afganos para que Occidente
les deje permanecer en el poder: que todas las facciones formen
parte del nuevo gobierno, que el país no vuelva a albergar
actividades terroristas y que se erradique el narcotráfico,
todo ello bajo supervisión de las Naciones Unidas.
Sin embargo,
todo es posible en este momento, ya que, según dijo,
«aprecio la diplomacia pero estoy más interesado
en la acción y en los resultados». Bush dio por
bien venida la ayuda de países que han cooperado con
los terroristas, pero volvió a advertir que «quienes
los sostengan a partir de ahora, tendrán que pagar por
ello».
El presidente
estadounidense quiso dejar claro que la coalición mundial
no lucha contra ninguna fe ni creencia en especial; ni siquiera
contra un país, sino contra la trama terrorista de Al-Qaida
en cualquier lugar del mundo. También se mostró
cauto con respecto a Irak, del que dijo que estaba liderado
por «un hombre malvado que asfixia a su pueblo. Sabemos
que ha desarrollado armas de destrucción masiva, y creo
que sería bueno para él que permitiera a los inspectores
volver a su país para asegurarse de que cumple con su
parte del trato tras la guerra del Golfo».
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