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La
pista conduce a Osama Bin Laden
El
multimillonario saudí anunció hace tres semanas
«grandes atentados» contra intereses estadounidenses.
El líder de la OLP en Europa asegura que sólo
un Estado «puede organizar tal acto de barbarie»
AGENCIAS
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EE
UU ofrece 5 millones
por Bin Laden .
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Estados
Unidos recibió ayer una declaración de guerra
en toda regla, pero, a diferencia de lo ocurrido en 1941, el
inquilino de la Casa Blanca no sabe a ciencia cierta contra
quién responder ni adónde dirigir sus tropas.
Los grupos radicales palestinos Hamas y Yihad se apresuraron
a condenar el ataque contra Nueva York y Washington, y los talibanes
afganos lo calificaron de «acto terrorista».
Con el país
aún sumido en la confusión, los servicios secretos
tuvieron que revolver en la sopa de siglas del integrismo islámico
y sin certezas a las que agarrarse, extrajeron una vez más
la ficha del multimillonario saudí Osama Bin Laden, el
enemigo 'número uno' de Estados Unidos, el hombre por
quien el FBI ofrecía hasta ayer una recompensa de dos
millones de dólares.
Su cotización
se disparará tanto como se desplomaron ayer las bolsas.
Un periodista árabe, editor del semanario 'Al Quds' y
próximo al terrorista, proporcionó ayer una pista
que le coloca a la cabeza de los sospechosos. Aunque sus anfitriones
de Kabul le exculparon tajantemente, Bin Laden habría
anunciado hace apenas tres semanas «grandes atentados»
contra los intereses norteamericanos, en un macabro ritual que
también cumplió en agosto de 1998, en vísperas
de que saltaran por los aires las embajadas estadounidenses
en las capitales de Kenia y Tanzania.
¿Pero
quién, además de Bin Laden, sería capaz
de urdir una pesadilla de estas dimensiones? Tal vez los simpatizantes
del jeque egipcio Omar Abdelrahman, condenado a cadena perpetua
en Estados Unidos por un atentado perpetrado en febrero de 1993,
precisamente, contra las desaparecidas torres del World Trade
Center. La prensa egipcia reseñó el pasado 24
de abril una inquietante rueda de prensa convocada por los abogados
de Abdelrahman, fundador del violento grupo Yama Islamiya (Asamblea
Islámica). En ella exigían la liberación
del jeque y responsabilizaban a George Bush de lo que le pudiera
pasar. «Aunque los líderes de la Yama Islamiya
propugnan la contención, no descarto que los seguidores
inicien una campaña contra los intereses norteamericanos
para vengar su encarcelamiento», amenazó uno de
los letrados.
El hilo
afgano
Desde que
el líder islamista, de 63 años, ciego y con diabetes,
ingresó en prisión, su familia y los representantes
legales egipcios y estadounidenses han denunciado «el
trato degradante» que le estarían brindando las
autoridades penitenciarias. Washington no ve con malos ojos
la posibilidad de trasladarlo a un penal egipcio, pero el Gobierno
de Hosni Mubarak no quiere pensar siquiera en el retorno del
líder que quería derrocarle por la fuerza. Al
parecer, al tirar del hilo de Abdelrahman, los expertos también
acaban apuntando hacia Afganistán, que no sólo
da cobijo a Bin Laden, sino también a un grupo afecto
al jeque que ha ignorado su llamamiento al cese de los atentados.
¿Y
si no fue un terrorista, sino uno o varios Estados? Es la tesis
del representante de la OLP en Europa, Abdulá Frangi,
convencido de que sólo un Gobierno es capaz de planificar
y coordinar un acto de barbarie desarrollado con «tanta
precisión». A la espera del informe que encargó
a sus servicios secretos, George Bush coincide con el dirigente
palestino en que, sea quien fuere el responsable, «ha
cambiado el rostro del mundo».
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