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«Todos
los estadounidenses son objetivo de nuestra 'fatwa'»
Bin
Laden peleó en el mismo bando que EE UU contra la invasión
soviética de Afganistán, antes de convertirse
en su enemigo
AGENCIAS
Estados
Unidos y Osama Bin Laden pelearon en el mismo bando hace 22
años, cuando el acaudalado líder saudí
comprometió su fortuna unos 38.000 millones de pesetas
en la liberación de Afganistán, invadida entonces
por la Unión Soviética. Allí organizó
grupos armados que, previamente, se habían adiestrado
en Sudán. Y allí se labró igualmente una
leyenda como constructor de una red de túneles que fue
utilizada por los muyahidines para cruzar la frontera de Pakistán
y atacar a las tropas de Moscú con armamento costeado
por Ronald Reagan.
La victoria
sobre los soviéticos acentuó el radicalismo de
Bin Laden, pero a partir de entonces apuntó contra el
nuevo 'Satán' encarnado por los sucesores de Reagan en
la Casa Blanca. La Guerra del Golfo marcó un punto de
inflexión en la trayectoria del conspicuo candidato a
'terrorista global'. No perdonó a la monarquía
saudí su alineamiento con Occidente frente a Irak y puso
todo su empeño en derribarla, al tiempo que se exiliaba
en Sudán durante cinco años. «Los estadounidenses
deben morir. Nosotros no hacemos diferencias entre los que visten
de militar o de civil. Todos son objetivos de nuestra 'fatwa'»,
afirmó entonces, en una entrevista que, de confirmarse
las sospechas apuntadas ayer, resultó premonitoria.
Bin Laden
no tardó en convertirse en el objetivo prioritario del
FBI y la CIA, relevando a personajes como Gadafi en la galería
de 'bestias negras' de los gobiernos occidentales. Desde 1993,
acumuló un currículum de atentados: un helicóptero
derribado en Somalia, con 18 muertos; una bomba en una base
de Riad; el intento de asesinato del rey Fahd; los atentados
contra las embajadas norteamericanas de Kenia y Tanzania...
Refugiado en Afganistán, y desposado con la hija de un
líder talibán, ha podido cumplir su promesa de
golpear en el corazón a la superpotencia que lo incubó.
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