Especial Terror en Estados Unidos

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Especial Terror en Estados Unidos

Estados Unidos sufre el mayor ataque desde Pearl Harbour

La nación más poderosa de la Tierra asiste desvalida a la muerte de miles de norteamericanos, víctimas de la mayor operación terrorista de la Historia

AGENCIAS
La búsqueda de supervivientes entre los escombros se prolongará durante varios días .


Cuando Peter Jennings, uno de los monstruos sagrados de la televisión norteamericana, vio arder moribundas las dos 'Torres Gemelas', primero se quedó sin palabras y luego pronunció una frase que dejó helados a millones de espectadores: «Es el mayor ataque contra Estados Unidos desde Pearl Harbour».

En estado de 'shock', el país más poderoso de la tierra volvía a enfrentarse a su peor demonio, al fantasma de Pearl Harbour, símbolo eterno de la traición y de la guerra. La página más cruel de la historia estadounidense, teñida con la sangre de miles de muertos y heridos, empezó a escribirse a las 8.45 horas (14.45 en España) de una mañana inolvidable.

A esa hora, las bolsas experimentaban ligeras subidas en Europa y tres jóvenes palestinos perdían la vida en diversos incidentes armados registrados en Cisjordania y Gaza. De pronto, coincidiendo con el inicio de los principales 'telediarios' del mediodía europeo, un fogonazo conmocionó al mundo. Un avión Boeing 767 de la compañía American Airlines con 92 personas a bordo, en vuelo de Boston a Los Ángeles, acababa de hacerse pedazos contra el piso 80 de la Torre Norte del World Trade Center, uno de los edificios más emblemáticos de Nueva York. Bajo una lluvia de fuego y cascotes, las cámaras de televisión captaban en directo, tan sólo 18 minutos después del primer impacto, cómo un segundo aparato se precipitaba sobre la Torre Sur. Un gigantesco hongo de siniestra apariencia nuclear cubría todo el cielo de Manhattan.

El golpe más humillante

La capital del mundo, el primer centro financiero del orbe, la joya más valiosa del último imperio, Nueva York, ardía indefensa, víctima del plan terrorista más vasto y meticuloso de la historia. Sin embargo, los cerebros de la operación habían urdido un golpe todavía más humillante si cabe para la mayor potencia militar del mundo.

Seis minutos antes de las 10 de la mañana, una tercera aeronave, secuestrada previamente como las anteriores y cargada con 54 pasajeros y 10 tripulantes, se estrellaba en Washington contra el helipuerto del Departamento de Defensa, el mítico Pentágono. En medio del caos, 20.000 empleados eran evacuados de un edificio que minutos más tarde se vendría abajo por el intenso calor de las llamas. Los terroristas habían llegado hasta el corazón del imperio.

Conmocionado y atónito, Estados Unidos asistía a una debacle sin precedentes. Cuando la primera de las 'Torres Gemelas' por fin se derrumbó, sólo habían transcurrido once minutos desde el ataque al Pentágono y al pie de los rascacielos trabajaban contra el reloj y contra el caos cerca de 10.000 miembros de los servicios de emergencia. Media hora después se desplomaba también la Torre Norte, el gigante por donde había penetrado la pesadilla.

Con las fronteras de Canadá y México cerradas herméticamente y el presidente Bush en paradero desconocido a bordo del 'Air Force One', la Policía no pudo impedir la explosión de un coche bomba colocado a las puertas del Departamento de Estado, en la capital federal. Ni tampoco las Fuerzas Aéreas saben con definitiva certeza si un cuarto avión estrellado cerca de Shanksville, en Pennsylvania, formaba parte del escuadrón suicida o fue derribado por sus propios cazas.

Cuatro horas antes de que la Bolsa de Nueva Zelanda, la primera en abrir, corroborara los peores presagios sobre el maremoto financiero provocado por el devastador ataque terrorista, George Bush se dirigía al mundo desde los micrófonos de una base militar en la lejana Luisiana, al Sur del país. «Que no quepa duda que Estados Unidos va a perseguir y castigar a los culpables de estos actos de cobardía», advirtió el presidente antes de pedir una bendición para su pueblo. Seguro que era eso lo que sus atribulados y derrotados compatriotas querían escucharle decir. Como ocurrió tras la traición de Pearl Harbour, EE UU clama venganza.

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