Especial Terror en Estados Unidos

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Especial Terror en Estados Unidos

En nombre de Dios, ¡por Dios!

ANTONIO GARRIGA MORAGA / DIRECTOR DEL INSTITUTO CERVANTES EN NUEVA YORK

Por la ventana del metro se ve arder al coloso en llamas. No se trata de un terremoto ni de una película. Dos aviones se han estrellado contra el 'corazón del Imperio'. Las denominadas 'torres gemelas', con sus más de cien pisos, símbolos de Nueva York, estampa y postal de turistas, visión de la modernidad y del progreso, están siendo pasto de las llamas. Desde la lejanía se advierte cómo personas deseosas de salir de aquel infierno, agitan chaquetas y camisetas pidiendo una desesperada ayuda entre el humo que lo va ocupando todo...

La mujer no es muy alta, va bien vestida y habla perfectamente castellano. Es hispana. Como tantos otros miles de seres humanos que viven en la Gran Manzana. Me mira; nos miramos. Hay una especie de silencio entre los gritos horrorizados de quienes viajan con nosotros. Estamos asidos de la misma barra del vagón en el que nos desplazamos camino del mismo lugar donde sólo hay muerte. No la conozco.

Al fin habla: «Mi hija está en el piso 69 de aquella torre», y señala casi temblando a la inmensa mole de cemento, fuego y terror. Vuelve a callarse. No le contesto. Musita... Está rezando. Reza por su hija posiblemente convencida de que ha muerto.

Llegamos a la Estación Central. Estamos en el corazón del corazón, en la calle 42, sede del Instituto Cervantes. Hay mucha gente en la calle. Rodean los coches que tienen puesta las radios. ¿Qué ha pasado? Caras de asombro. Nervios. Pánico. Subo al despacho y pienso que desde las ventanas del 'Chrysler', desde la misión comercial de España, se verá mucho mejor la tragedia. Cojo la cámara, cruzo la calle y de nuevo las antorchas ante mis ojos.

El Imperio ha sido tocado en su parte más emblemática. Este país que presume de su espléndido aislamiento y de que siempre ha tenido las guerras fuera, se encuentra, sin comerlo ni beberlo, con una tragedia de incalculables consecuencias. 50.000 personas trabajan en esas torres, símbolo del poder y de la gloria. Ya no son nada. Han sucumbido ante al ataque terrorista y suicida de unos locos que han utilizado aviones comerciales cargados de inocentes para cumplir su canalla objetivo.

Pienso en mi tierra. Me acuerdo de Málaga y de mis compañero José María Martín Carpena, que también murió a manos de un loco asesino. Terroristas aquí y allá. En todos lados. Sangre inocente en todos los puntos del planeta. Los hospitales de Nueva York no tienen sangre suficiente.

La gente, en el sur de la isla, se arremolina y corre despavorida. Los transportes urbanos han quedado bloqueados. Pienso en cómo podré llamar al periódico. Soy testigo de un gran horror. Me imagino por un momento la paz de la gente bañándose en las aguas de La Malagueta... La Policía nos evacua a las 10.15 horas de la mañana. Sólo nos queda andar. Todos andamos o corremos.

La avenidas son ríos humanos. Los camiones que llevan todo lo que esta gran ciudad necesita se convierten en inesperados autobuses urbanos y los puentes ven asombrados la imagen de la gente recolgada de ellos y de los que huyen de la muerte...

El sur de la isla es humo y nube de terror. Sangre y tragedia. Nueva York no está preparada para algo así; nadie lo está. Pero además la televisión y la radio hablan de atentados en el Pentágono y en el Capitolio, símbolos del poder político y militar. ¿Quién habrá osado atentar contra el coloso? La pregunta corre de boca en boca. Los talibanes se han apresurado a enviar condolencias, los congresistas hablan en televisión de guerra. «¡Estamos en guerra!», afirma uno de ellos. La guerra del siglo XXI, la guerra santa, en nombre de no se sabe qué dioses pero desde luego no justos. Sólo la palabra dios (con minúsculas) es capaz de derramar tanta sangre.

El personal del Instituto, dando un gran ejemplo de serenidad, ha permanecido en sus puestos hasta que la Policía ha dado la orden de evacuación. A Dios gracias, al Dios de la paz (con mayúsculas), estamos todos bien.

La situación es tan grave que el presidente no ha regresado a la Casa Blanca. 'Apocalypsis now' sin Marlon Brando. El presidente ha sido llevado a una base militar, 'Independence day' pero sin extraterrestrres. El presidente habla y con gesto demudado afirma que «los cazaremos y serán castigados». Lo mejor, como siempre, de estas situaciones, la gente normal de la calle. Hay miles de muertos. ¿Cuántos? No se sabe. ¿En nombre de quién o por qué? Tampoco hay respuesta.

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