Especial Terror en Estados Unidos

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Especial Terror en Estados Unidos

Las 'Torres Gemelas' se desplomaron en minutos

La nación más poderosa de la Tierra asiste desvalida a la muerte de miles de norteamericanos, víctimas de la mayor operación terrorista de la Historia

AGENCIAS
Imagen de l as torres tras el ataque.


«Ninguno de nosotros podrá olvidar lo que ha visto hoy en toda su vida, pero de lo que pueden estar seguros es de que cambiará por completo la vida de sus hijos», aseguró Tim Russert, uno de los más brillantes analistas de la cadena NBC. «Habrá un antes y un después del 11 de septiembre».

Russert hablaba no sólo de cuál será la respuesta de Estados Unidos al ataque más impactante que se podía haber imaginado, sino de los niveles internos de seguridad en los que entrará el país a partir de hoy. La incertidumbre desatada era la que había dejado sin habla a todos los americanos. ¿Cómo era posible que un ataque terrorista de estas dimensiones alcanzase semejantes objetivos con precisión de reloj sin que nadie lo hubiera detectado?

Sólo uno de los cuatro aviones falló, pero todos ellos portaban la mayor cantidad de combustible posible. Cada avión secuestrado en apenas una hora realizaba un vuelo nacional y tenía destino a algún punto de California, el mayor trayecto posible dentro de Estados Unidos. Con ello los terroristas se aseguraban de que la barriga de los aparatos estuviera llena de combustible. El choque por sí solo no habría sido capaz de tumbar las torres, diseñadas para soportar hasta cuatro impactos de un 'Boeing 727'. Con la explosión que se desataría al incendiarse semejante cantidad de combustible, el derrumbe estaba al alcance de la mano. La bola de fuego acabó por templar el metal que soporta al coloso hasta el punto de fundición. La caída fue cuestión de segundos.

Ataque del segundo avión.

Semejante grado de vulnerabilidad se encontraba tan lejos de la imaginación de los americanos que las primeras noticias de las televisiones se centraban en la especulación sobre las causas de un accidente. «Algo debe haber ido mal en los instrumentos de navegación del avión», sugería una presentadora de la CBS.

Bastó con un piloto en antena para arruinar su teoría. «¡No hay piloto en el mundo que pueda tropezarse con el World Trade Center ni aunque volase sin mandos!», clamó furioso el entrevistado. «Basta con levantar la vista para verlas. La única manera de incrustarte en esos edificios es con alguien apuntándote con una pistola a la cabeza».

La realidad demostró en unos minutos la lógica de su argumento. Otro avión, esta vez un vuelo de United Airlines con destino a Los Angeles, impactaba en la segunda torre. Todas las cámaras apuntaban a la escena, y el mundo entero pudo presenciar en directo la voladura de las 'Torres Gemelas'. «Uno puede ser un accidente, dos es un acto provocado», reflexionó el presentador de la NBC.

¿Y cuatro? El avión que se estrelló contra el Pentágono tocaba en el ala al órgano que habría de defender a los americanos de posibles atentados. El cuarto, otro aparato de United Airlines que salió de Newark con destino a San Francisco, pereció cerca de la ciudad de Pittsburg (Pensilvania). Su objetivo, según las especulaciones de los expertos en las televisiones, era la Casa Blanca. La posible resistencia del piloto y un forcejeo en la cabina podrían haber sido la causa de que el más poderoso de los objetivos quedase intacto.

En uno de los aviones, al parecer el que impactó contra el Pentágono, viajaba la comentarista de la CNN Barbara Olson, de 45 años, que telefoneó dos veces a su esposo con un móvil tras el secuestro de la nave. Según le dijo a su marido, los terroristas iban armados con «navajas y cortaplumas» y obligaron a los pasajeros y la tripulación, incluido el piloto, a trasladarse a la parte posterior de la aeronave antes de estrellarla.
Varias personas se arrojaron al vacio desde lo alto de las torres para huir del fuego.

Varias personas se arrojaron al vacio desde lo alto de
las torres para huir del fuego.

Tercer edificio hundido

En el Downtown neoyorkino, lo peor parecía haber pasado cuando la primera torre se desplomó. Nadie se había atrevido a pensar hasta entonces que lo que Timothy McVeigh no logró hacer con el edificio federal de Oklahoma, tras aparcar una furgoneta cargada de explosivos, pudiera hacerse realidad en plena 'Gran Manzana'. Las torres eran ya una montaña de escombros diseminadas por todo el barrio antiguo. Horas después se derrumbaba un tercer edificio de 47 plantas, el número siete del complejo World Trade Center.

Desde la arteria principal del barrio chino, en Canal Street, la Policía cerró todas las calles del llamado sur de la ciudad. «Muchos de nuestros hombres se encuentran entre las víctimas», confesó el alcalde, Rudy Giuliani. Según la CNN, unos doscientos bomberos y 78 policías podrían haber perdido la vida al ser sorprendidos por el desplome de las torres mientras intentaban ayudar a las víctimas.

El número de muertos «será mucho mayor de lo que ninguno de nosotros podemos resistir», aseguró Giuliani, quien no quiso hacer estimaciones sobre el número de heridos y fallecidos, que no se hará público hasta mañana. El propio alcalde había quedado atrapado en el edificio Barklays cuando se produjo el segundo ataque. «Logramos escapar por una puerta del sótano», explicó Giuliani desprovisto de sus armas de autoridad. El alcalde, que ya vivió el ataque a los mismos edificios en 1993, había construido un enorme bunker junto a las 'Torres Gemelas' para proteger a la ciudad en caso de ataque terrorista. La elección de la sede, sin embargo, fue desafortunada y los terroristas, mucho más listos que la propia inteligencia americana. La línea directa con las pantallas del Pentágono se quedó en negro, y con ella todos los edificios públicos de la ciudad, construidos en torno a las desaparecidas torres.

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