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Exigen
investigar el baño de sangre tras el motín en
Qalai Jangui
Al
menos 450 talibanes, en su mayoría extranjeros procedentes
de Pakistán, Chechenia y países árabes,
murieron en combate contra las tropas de la Alianza del Norte
tras rebelarse en Qalai Jangui, donde estaban detenidos
28
/ 11 / 2001 AGENCIAS
La matanza
de centenares de prisioneros amotinados en un fuerte de Mazar-i-Sharif
levantó hoy voces en demanda de una investigación
y despertó recuerdos de otras carnicerías anteriores
en la "capital del norte" de Afganistán.
Qalai Jangui, a diez kilómetros de Mazar, olía
hoy a sangre seca y a cadáveres descompuestos, mutilados
muchos y desperdigados todos por el interior o en el patio del
fuerte, o tirados en la cuneta.
Al menos 450 talibanes, en su mayoría extranjeros procedentes
de Pakistán, Chechenia y países árabes,
murieron en combate contra las tropas de la Alianza del Norte
tras rebelarse en Qalai Jangui, donde estaban detenidos.
Mientras fuerzas antitalibán contaban y alineaban los
cadáveres en la polvorienta fortaleza, otras fuentes
elevaron a 550 e incluso a 800 el saldo de víctimas mortales.
"La situación está totalmente bajo control,
todos están muertos", dijo Alim Razim, lugarteniente
del poderoso general uzbeko Abdul Rashid Dostum, uno de los
máximos dirigentes antitalibán.
Otro jefe militar de la Alianza, el comandante Atif, declaró
en un intento de explicación: "Hemos matado en total
a 450, ninguno quería rendirse".
Dostum había enviado a Qalai Jangui a los prisioneros
de guerra desde Kunduz, último bastión talibán
en el norte afgano a unos 160 kilómetros al este de Mazar
donde se desarrollaban unas laboriosas negociaciones de capitulación.
Entre 40 y 70 combatientes de la Alianza también cayeron
muertos en la refriega, en la que falleció un supuesto
agente de la CIA y cinco soldados norteamericanos fueron heridos
de gravedad.
Pero las circunstancias de cómo se originó la
revuelta el domingo pasado y los horrores de las 52 horas siguientes,
hasta que cuatro disparos de un carro de combate T-55 aplastaron
y acallaron el motín, alarmaron a los defensores de los
derechos humanos.
Amnistía Internacional (AI), Human Rights Watch (HRW),
Cruz Roja y el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf,
exigieron investigar "con urgencia" el mayor baño
de sangre desde el inicio de la campaña contra el terrorismo
en Afganistán.
Testigos presenciales dijeron que por la intensidad del bombardeo
aéreo norteamericano que machacó Qalai Jangui
en apoyo de las tropas de la Alianza y por el incesante tiroteo,
la tragedia superó con creces la de dos semanas atrás
en el propio Mazar-i-Sharif.
Entonces fue en una escuela, cuando 450 talibanes detenidos
o que se habían hecho fuertes, según diversas
fuentes, perecieron en lo que para unos fue una ejecución
masiva y para otros la liquidación de los últimos
defensores de Mazar, tomada por Dostum el día 9.
Una reconstrucción de los sucesos reveló que presuntamente
todo comenzó en Qalai Jangui cuando un norteamericano
conocido por "Mike" ayudaba a interrogar a los prisioneros
trasladados desde Kunduz.
A los extranjeros, que habían jurado "luchar hasta
el final", no les alcanzó la amnistía decretada
para los talibanes afganos por uno de los comandantes de la
Alianza, Mohamed Daud Jan, quien aseguró que "los
mercenarios no tendrán perdón".
Durante los interrogatorios, uno de los "mercenarios",
supuestos miembros de la red terrorista Al Qaeda de Osama Bin
Laden, sacó de no se sabe dónde una granada de
mano y la hizo estallar en un acto suicida en el que aparentemente
también murió "Mike".
A partir de ahí las versiones discrepan sobre si los
extranjeros desarmaron a los guardias de la Alianza, si la rendición
fue una trampa talibán para morir matando, o si los vencedores
prepararon todo para provocar el baño de sangre.
Pero las matanzas con dos semanas de diferencia en Mazar y Qalai
Jangui sólo han seguido la pauta de represalias y venganzas
en la historia de Afganistán, y en concreto en su "capital
del norte".
Entre mayo y julio de 1997, los talibanes quisieron recuperar
el control de Mazar de manos de Abdul Malik, lugarteniente de
Dostum que había traicionado primero a su jefe y luego
a los integristas.
Unos 2.000-3.000 cadáveres enterrados en fosas comunes
fueron hallados al año siguiente por los talibanes, que
por fin recuperaron la ciudad y denunciaron a la comunidad internacional
los crímenes contra la humanidad de las fuerzas opositoras.
Pero en tres o cuatro días a partir de la toma de Mazar
el 8 de agosto de 1998 por los talibán, la venganza fue
terrible, según los informes sobre el caso redactados
por la ONU y Human Rights Watch.
Un mínimo de 3.000, y posiblemente hasta 8.000 civiles,
murieron en una sangrienta represión talibán contra
las etnias uzbeka y sobre todo hazara, la misma de Malik.
Chung-Hyun Paik, enviado por la ONU para investigar aquel horror,
lo describió así: "La pauta de las matanzas
observadas demostró que hombres, mujeres y niños
fueron acribillados, mientras las niñas de pecho fueron
pateadas o golpeadas hasta morir".
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