REPORTAJE SOBRE LA SEQUÍA


          

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La tecnología desafía al desierto MAZARRÓN: Cultivar sin suelo y con el agua racionada por ordenador

La tecnología desafía al desierto MAZARRÓN: Cultivar sin suelo y con el agua racionada por ordenador



Son dos municipios colindantes y constituyen las dos caras del secano. Los almendros de Fuente Álamo sólo pueden regarse con agua de lluvia y la producción bajará este año un 60%. La almendra de California, donde se riega por goteo gracias a que existe un banco de agua estatal para tiempos de penuria, es la gran beneficiada: la industria turronera ya está echando mano de ella. Mazarrón es el buque insignia de la exportación hortofrutícola murciana. Los tomates de los invernaderos llegan al consumidor europeo con regularidad. Paradójicamente, este municipio se parece mucho a un desierto. La escasez aguza el ingenio y una desaladora, que se ha quedado pequeña, proporciona agua cara pero que convenientemente administrada y con tecnología puntera, sólo comparable a la israelí, hace rentable las plantaciones.

El embalse de La Fuensanta en mayo de 2000 al 17,5 % de su capacidad


 Textos: CARLOS M. SÁNCHEZ · Fotos: JUAN LEAL y GUILLERMO CARRIÓN



En teoría, los cultivos de tomate más punteros de Mazarrón podrían cultivarse sobre el asfalto recalentado de la Gran Vía de Murcia. No les hace falta suelo. Todo es alta tecnología: el sustrato sobre el que se plantan las raíces es fibra de coco importada de Sri Lanka, el riego por goteo está minuciosamente controlado por ordenador al segundo, el anhídrido carbónico necesario para la fotosíntesis lo proporcionan grandes vaporizadores, el abono y los productos fitosanitarios los administra un cerebro electrónico en función de las necesidades de la planta y una escuadrilla de abejorros de laboratorio poliniza la flor del tomate en los invernaderos. El agua es abundante, inagotable: la proporciona el mar.

Cristóbal Llamas es el especialista en cultivos hidropónicos ­así se llaman los que prescinden de la tierra y se sirven de la mencionada fibra de coco, de lana de roca, de arena y hasta de agua­ del Grupo Paloma, uno de los gigantes de la exportación regional.

El cultivo hidropónico, del que los países tan necesitados de aprovechar al máximo sus escasísimos recursos hídricos como Israel son pioneros, tiene varias ventajas: no se agota el suelo por el expeditivo método de no utilizarlo, las enfermedades y plagas son más controlables y el agua se drena y se vuelve a utilizar, con el consiguiente ahorro no sólo en el riego, sino también en fertilizantes o fungicidas, que se administran a la planta ya disueltos y en cantidades medidas con tanta exactitud como un medicamento recetado por el doctor.

El embalse del Cenajo en mayo de 2000 al 17,5 % de su capacidad

«Un metro cuadrado de cultivo hidropónico puede producir más de 30 kilos de tomate, mientras que en el suelo es raro que se vaya por encima de los 24. A la antigua usanza, como es el caso del tomate de Muchamiel, la variedad más cara en el mercado, se producen sólo tres o cuatro kilos», explica Llamas.

Alguien debería pensar en ponerle nombre a los kilómetros de calles asfaltadas, todas idénticas, que compartimentan el enrevesado laberinto de plástico en que se han convertido los invernaderos de Mazarrón. Imposible no extraviarse. Un ordenador central controla la vida vegetal y tiene en cuenta hasta las radiaciones lumínicas, medidas en watios por metro cuadrado. La enfermedad del colapso de los tomates, que está haciendo estragos en la zona marchitando plantaciones enteras en 24 horas para pasmo de los científicos, apenas ha afectado al hidropónico. Por algo será.