15 de Junio de 2005.
Acabo de leer los comentarios que de manera comparativa
se han hecho sobre el artículo de un colaborador
del periódico que dirijo y a través de
los cuales se deduce que ha habido un plagio de un texto
anterior de Psicobyte. Por tal motivo, he solicitado
al mencionado colaborador, Javier Marín Ceballos,
que haga un análisis de la situación y
que, tras reflexionar sobre el mismo, me dé las
explicaciones que considere oportunas. Inicialmente,
y a falta de oir las citadas explicaciones, me considero
en la obligación de, como Director del Diario
LA VERDAD, solicitar disculpas por lo acontecido y lamentar,
a falta insisto de las explicaciones del colaborador,
el papel que alguien pudiera considerar que ha jugado
nuestra publicación.
Firmado: José María Esteban Ibáñez,
Director de Diario LA VERDAD.
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16 de Junio de 2005 (por Psicobyte)
No
fué plagio
Apoyos
En estos dos días me he quedado francamente impresionado.
Y muy gratamente, dicho sea de paso.
Todo el mundo sabe que los blogeros tenemos una cierta
tendencia a hacer causa común por cualquier tontería,
pero no creo que esta sea la única explicación
de lo desmesurado de este caso.
Supongo que hay un cierto punto de autodefensa. Hoy me
ha ocurrido a mí, y mañana puede pasarle a
cualquier otro. Mejor es ir haciendo notar que no es tan
fácil ignorar a un blogero como podría parecer.
Supongo, en fín, que cada cual tendrá sus
motivos.
Sean cuales sean las razones, quiero agradecer a todos
el increible apoyo que me han mostrado. No es modestia (ni
de la falsa ni de la de verdad), pero no esperaba algo como
esto. No creo que me haya sentido más respaldado
en ningún otro momento de mi vida: Blogeros, barrapunteros,
lectores, comentaristas, visitantes, foreros... No podría
hacer una lista exhaustiva de todos ellos, y no tengo intención
de hacerla. De modo que te lo agradezco personalmente a
tí.
Sin tí, sin la presión moral de tanta gente,
seguramente aquí no habría pasado nada. Mi
amor propio se vería levemente abollado, quizás
escribiese algún artículo resentido quejándome
de lo cruel que es la vida del blogero, pero habría
seguido con mis posts y, de vez en cuando, daría
el coñazo en las reuniones de amigos con frases como
"¿Os he contado lo de la vez que me plagiaron?"
Explicaciones
He escrito un par de correos a La Verdad y no me han respondido
a ninguno de ellos. Entiendo que deben recibir una montaña
de correspondencia diaria y se habrán perdido, y
que, de todos modos, no tenían garantía alguna
de que el remitente fuese realmente yo. De todos modos,
dados los comentarios que he recibido por personas que dicen
ser Javier Marín Ceballos y José María
Esteban Ibáñez (y no tengo razones para dudar
de su buena fe), no me parece necesario insistir en ello.
Doy por válida la explicación de este desaguisado
que da Javier Marín Ceballos en un comentario a mi
post de protesta, y que copio a continuación:
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Hola, soy Javier Marín Ceballos, el culpable
de toda esta justificada indignación.
Lo primero que quiero hacer es pedir disculpas a
Psicobyte, que desconocía que fuera el autor
de un excelente texto que a mí me llegó
como anónimo en un correo electrónico
que provenía de una cadena de sucesivos emails.
Lo que demuestra que la idea era muy buena y digna
de ser divulgada, y, por supuesto, citada.
Yo estaba en esos momentos preparando un artículo
sobre el mismo tema (tan candente y necesitado de
apoyos) y desde un punto de vista semejante. Llevaba
escrito una buena parte y decidí incorporar
unos párrafos de ese texto pues creía
que valía mucho la pena propagar la idea que
en él se desarrollaba de ponerse en el lugar
del otro para poder conocer su posición y su
realidad antes de juzgarlo. Como el texto era muy
largo, hice una síntesis de los que, a mi entender,
eran los mayores aciertos. Eso ocurría a partir
de la línea 41 de mi artículo, y lo
presentaba como una hipotética conjetura. En
un momento puse que 'circulaba como la pólvora
de correo electrónico en correo electrónico'
pero, al ver que me había pasado con creces
de las 600 palabras permitidas, fui borrando frases
y esta fue, desgraciadamente (no saben cuanto lo lamento)
una de las quité (se aprecia claramente un
error gramatical motivado por este corte). Marqué
el texto incorporado en cursiva, como una forma de
cita (aunque desconociera al autor) y acoté
el final de los fragmentos integrados con una frase
que pretendía indicar que se acababan las comillas:
'Fin de la conjetura'. Despedí el artículo
en dos líneas pues ya había agotado
todo el espacio, y también el tiempo que me
quedaba para enviarlo. Y lo envié al periódico,
que sin sospechar que acarreara ningún problema
y que está exonerado de toda culpa.
Yo esperaba recibir palos de la Iglesia, a la que
criticaba por haberse metido en política y,
además, aliada con los sectores más
reaccionarios (pueden ver el artículo
completo), y justo los recibo del lado del que
menos lo esperaba, pues con las prisas, y al no releer,
no me di cuenta de que cometía un error muy
grave: incorporar unos textos que me parecieron lúcidos
e inteligentes y dignos de ser divulgados, pero sin
indicar que esos párrafos eran de un autor
que aunque desconocía su identidad, no era
yo (la cursiva desapareció en la edición
impresa y las urgencias me impidieron releerlo con
la atención suficiente para darme cuenta de
que la referencia a su origen -vía cadena de
emails- no debí haberla borrado.
Pido disculpas de nuevo al autor, Psicobyte. Declararé
en el periódico y donde sea necesario que él
es el autor de esos textos originarios (y originales).
Pido también disculpas a todos los lectores
y escritores de su solidaria Blog, que no conocía,
por mis escasas dotes de navegador.
Sólo quiero añadir que no soy ningún
bicho raro. Sólo soy, como muchos de vosotros,
un escritor pluriempleado que había conseguido,
después de mucho esfuerzo, una columna en un
periódico y que, sin ninguna intención,
ha metido la pata, al citar mal un texto que creía
perteneciente a ese paradójico anonimato de
internet, con la finalidad de difundirlo. Yo, que
he sido siempre un defensor de los derechos de propiedad
intelectual, he aprendido con este lamentable incidente
que, detrás de todo texto, por muy virtual
que sea su origen y por anónimo que parezca,
hay siempre un autor que se ha dejado la piel luchando
contra la nada del papel en blanco, y que, siempre,
siempre, hay que buscarlo, y presentarlo como tal.
Lamento enormemente lo ocurrido. Nunca jamás
me volverá a pasar.
Firmado: Javier Marín Ceballos
|
Sin resentimiento de ninguna clase. Creo firmemente en
que cometió un error y en su disposición a
subsanarlo.
Le agradezco, por último, su sinceridad y su buena
disposición.
En lo que a mí respecta, doy este incómodo
asunto por zanjado.
Aclaraciones
Por último, algunas precisiones:
No creo ni he creído en ningún momento que
este caso sea una vulneración de la licencia CC.
Si no hubiese tenido esa licencia, los téwrminos
de mi protesta hubiesen sido los mismos, o quizás
más duros. La licencia CC está concebida para
permitir la copia en unas condiciones razonables. Solo hice
mención a ella para mostrar que lo que me molestaba
no era que se me copiase, si no que se atribuyesen mi trabajo.
No creo que se haya vulnerado la clausula que obliga a
distribuir los trabajos derivados bajo la misma licencia
si la intención de Javier Marín Ceballos era
(como él dice y yo le creo) simplemente citar el
texto.
Estos detalles de las licencias Creative Comons me parecen
muy interesantes, pero mejor los hablamos cuando esto se
haya calmado un poco.
Fin del asunto
Afirmo para finalizar, y para que no quede resquicio de
duda alguno, que creo sinceramente las palabras de Javier
Marín Ceballos en el sentido de que no fué
plagio sino error, y que, en cualquier caso, no fué
intencionado. Y para reafirmarme en esta creencia lo pongo
como título de este post.