Si hay algo común a todos los carnavales, sean en Canarias o en Cádiz o en Murcia, es el disfraz. No vestirse de algo esos días está fuera de lugar (casi tanto como hacerlo cuando no son estas fechas). Pues esto, multiplicado pro tres, es lo que sucede en Águilas. Mientras el programa oficial se desarrolla, todos siguen un aparente orden (o al menos, un desorden organizado), pero, cuando llega la noche, la ciudad se transforma. A pesar de que muchos han pasado el día dando saltos y bailando al son de las comparsas, se sacan fuerzas de la reserva (que se va llenando todo el año. O ¿será la cuerva la que da los ánimos), para hacer de la madrugada el escenario perfecto para un nuevo carnaval: el de la noche. Sólo se pide algo de imaginación y de esto, a ciertas horas, todos vamos sobrados.
Es la otra cara de un carnaval de ensueño. Quien acude por primera vez a la fiesta aguileña se asombra pues, ante el reparo a la hora de lucir una máscara pero, como ya hemos dicho, cuando llega la noche se da cuenta de que la verdadera vergüenza es no llevarla. Y es que bajo la máscara, bajo el antifaz, se pueden hacer muchas cosas: y si además contamos con el manto de la noche como protección, las posibilidades de una velada interesante se multiplican.
El oscuro manto de la noche se confabula con el aguileño (sea o no de allí, en estos días todos somos de Águilas), concediéndole lo que nada ni nadie otorga, salvo en los cuentos: transformarse en lo que soñó. Dama de alta cuna, truhán, hombre, mujer, animal, cosa... Se siente libre, anónimo, poseído de si mismo y de aquello que siempre quiso ser. Esta es la magia del carnaval : diez días para ser quien siempre quisiste. Si te atreves, quizá aprendas algo nuevo de ti mismo...
La noche permite, durante su breve vida que nos olvidemos de todos los sinsabores del resto del año: la cuerva y los ropajes (muchos encontrados en el último momento pero, otros muchos -cada vez más-, elaborados con mimo durante meses), hacen que podamos pasar por unos días por encima de todo lo que, cada día durante el resto del año, nos muestra el sol. Morfeo se toma unas noches libres en Águilas porque la noche tiene mucho que ofrecer.
El carnaval de noche de Águilas es como todo él: libre participativo. No hay clubes o casetas: la fiesta está en la calle y los chiringuitos, sólo ofrecen un escenario a este gran teatro que es el Carnaval, pero no son los únicos: toda la ciudad está llena de posibilidades. Sirenas que emergen de las aguas, caballeros sin corcel que buscan a su princesa, ángeles que quieren conocer el infierno (y al contario), ... Todos tiene cabida en este carnaval. Todo está permitido. Y tu, ¿ya tienes claro quién quieres ser estas fiestas?
Forastero: no lo pienses más. Con lo que tengas a mano (un chaleco, un pijama, una manta, la bata de tu madre o la sábana de tu cama), ¡cúbrete y salta al sueño de estas noches! Porque en Águilas todo es magia y, si el programa oficial no es suficiente, la madrugada te ofrece más.