El modelo Piterman exige por definición una visita anual al afilador. Si en Segunda División el presidente albiazul se presentó en sociedad con el intimidatorio y decisivo póker formado por De Lucas, Rubén Navarro, Bodipo y Nene -cincuenta goles la pasada campaña-, el retorno a la máxima categoría ha servido para sacar aún más brillo a la navaja albiazul. Jandro, Wesley, Mena, Arthuro y Aloisi -todos ellos relacionados con el gol en sus ex equipos- son los elegidos para completar la extensa nómina de jugadores ofensivos. «Atacar es más difícil que defender y por eso hay que conseguir los mejores jugadores arriba», explicaba el presidente alavesista poco después de su aterrizaje en Mendizorroza. Y sobre esa base se ha aplicado de nuevo en construir un grupo cuya tarjeta de presentación volverá a ser la pegada.
En realidad, la exigente Liga de las estrellas calibrará en breve el rendimiento al máximo nivel de una filosofía deportiva que en Segunda División se sostuvo durante muchos meses a base de una insultante superioridad individual sobre los adversarios. Ahora, con las fuerzas iniciales más equilibradas y en algunas ocasiones inclinadas hacia el rival, el Alavés dependerá realmente de su capacidad para convertir el equipo en un verdadero colectivo. En Primera, cualquier oponente es capaz de solucionar partidos en acciones aisladas, método patentado por los albiazules durante largos periodos de la campaña anterior.
Plantilla amplia
Durante la pretemporada y a pesar del estrepitoso 1-4 en Laguardia ante el Numancia, la escuadra vitoriana ha dado la impresión de disponer de los suficientes mimbres para afrontar con ciertas garantías el reencuentro con la máxima categoría. Del equipo de trece o catorce jugadores reales de la pasada campaña - el resto estaban a un nivel inferior- se ha pasado a una plantilla con otras hechuras. En esta ocasión y siempre a priori, cualquier ausencia podrá cubrirse sin caer en la dependencia que, por ejemplo, generaban Bodipo y Rubén Navarro en el anterior ejercicio.
Los números y las sensaciones de los encuentros amistosos hablan de esa amplitud de banquillo -han destacado Mena y Wesley, dos de los teóricos suplentes- y de los mismos desequilibrios experimentados en Segunda. 30 goles anotados en ocho partidos y 13 recibidos son cifras del equipo alegre y todavía descompensado que es este Alavés, que se presentará el sábado en Mendizorroza con apenas dos o tres cambios respecto al once de la campaña anterior.
Pero además de ganar en profundidad de plantilla, el cuadro vitoriano parece haber resuelto dos problemas que evidenció en Segunda. Con Jandro -sin duda fichaje estrella- y Wesley dispone ya de un par de organizadores en el centro del campo y la llegada de Aloisi le permitirá, cuando sea necesario, abandonar sus innatas condiciones para el contragolpe y optar con ciertas garantías por una vía de juego directo. El trabajo y la corpulencia del australiano pueden resultar providenciales a la hora de atacar defensas muy cerradas, sobre todo en Mendizorroza.
En el capítulo de las dudas surge a estas alturas una importante: la portería. Si no llega otro guardameta antes del día 31 de agosto, el club optará por confiar en el dúo Bonano-Ardouin. El primero con un rendimiento irregular en la pasada campaña y el segundo sin experiencia alguna. También la defensa, pese a las numerosas incorporaciones, y en general el sistema de contención han dejado hasta ahora la sensación de necesitar bastantes ajustes.
Permanencia sin apuros
De lo que parecen existir menos dudas es de que el Alavés de Dmitry Piterman volverá a convertirse en un cóctel de alta graduación con todo tipo de ingredientes extradeportivos. Después de la sustitución de Cos por Monfort en el banquillo y un inicio de pretemporada relativamente tranquilo, el presidente albiazul explotó tras el 1-4 en Laguardia. Destituyó al entrenador catalán sin dejarle siquiera iniciar la Liga y como consecuencia de ello el secretario técnico Ramón Planes presentó su dimisión. Tras varios meses anunciando un sistema americano de dirección del equipo -con siete u ocho personas encargadas de supervisar a la primera plantilla-, la esencia del banquillo quedará intacta: Chuchi Cos-Dmitry Piterman, Dmitry Piterman-Chuchi Cos. Todo lo demás parece sólo complementario, según se desprende del sorpresivo retorno al cargo del técnico cántabro, que apenas realizó durante cinco semanas la eterea labor catalogada bajo el pomposo rótulo de asesor del consejo de administración.
En cuanto a los objetivos albiazules para la presente temporada existen diferentes versiones desde dentro del propio club. La más animosa, lógicamente, la que proviene del propio Piterman, que ha llegado a hablar del título de Liga. A partir de ahí y ya dentro de la propia plantilla, buena parte de los jugadores coinciden en su diagnóstico. «Conseguir la permanencia sin apuros». Esa es la frase más repetida dentro del vestuario albiazul, que en cualquier caso ha realizado guiños hacia una posible lucha por un puesto europeo.