Son cerca de setenta hombres de diferentes edades, profesiones, ideologías y creencias, pero el Misteri los ha unido. Forman parte de la Capella y participan en las representaciones, en calidad de apóstoles, judíos o ángeles.
Muchos de ellos son herederos de una tradición familiar, otros se interesaron por la Festa a raíz de su gusto por la música... El caso es que pertenecen a ese gran equipo humano que hace posible que el Misteri siga siendo todo un acontecimiento vivo, repleto de la fuerza que ha permitido que se conserve a lo largo de los siglos.
Los cantores del Misteri están integrados en una piña que huye de protagonismos, ya que todos, con independencia del papel que interpretan, se sienten unidos por el mismo vínculo, algo que para la mayoría resulta difícil de explicar, donde se mezclan la tradición, la fe, la música, pero sobre todo la sensación de hacer algo importante que les hace permanecer ligados con tantas generaciones que antes de ellos formaron parte también de la Capella, y con quienes en el futuro seguirán el mismo camino.
Para quien ama el Misteri, acudir a los ensayos en la Casa de la Festa y prepararse todo el año, cumpliendo con los conciertos que organiza el Patronato, no resulta ningún sacrificio.
Seducidos por la fuerza de una tradición como esta, los cantores de la Capella muestran su compromiso y se preparan concienzudamente para dar lo mejor de sí durante las representaciones.
En la Basílica, sobre el cadafal, sólo ellos pueden sentir la magia del oropel cayendo sobre sus cabezas, mientras la Virgen es coronada, y el público estalla en aplausos que compiten con las campanas y el estruendo de los cohetes... Todo un privilegio.