Restauración y turismo
La Verdad Digital  
   Webmail    Alertas   Envío de titulares   Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
ESPECIALES
Restauración y turismo
Foto
APRENDIZAJE. La Escuela de Turismo enseña a no perder la cultura nacional. / LA VERDAD
Tiene en su base el turismo muchos ejes fundamentales, pero si hubiéramos de destacar alguno, desde luego que señalaríamos al entorno y a la gastronomía. En datos estadísticos publicados recientemente se señalaba que lo que más ponderaban los extranjeros que visitaban España era su comida. Por el contrario, lo que más echaban de menos los españoles en el extranjero era precisamente el condumio.

Ciertamente la masificación del turismo ha provocado el desinterés de ciertos establecimientos que se han decantado por una cocina rápida inspirada en culturas distintas a la nuestra y han aparecido así las cafeterías que copian el estilo americano, los autoservicios que disminuyen el tiempo de permanencia en el establecimiento y reducen costes salariales, las hamburgueserías que a pesar de su origen alemán fueron los americanos quienes las impusieron de la mano de la Coca-Cola o los italianos que con sus pastas realmente económicas (harina y agua) han invadido las zonas turísticas.

Dice Ansón, que ni siquiera la masificación inevitable y creciente del turismo debería prostituir nunca la elaboración de las especialidades culinarias locales y es éste un grave problema que padece la cocina española, pues la cocina es también parte nuestra cultura, es una forma de exteriorización de nuestra cultura y lo hace precisamente utilizando, entre otros, el sentido del gusto.

Afortunadamente son muchos los representantes de la cocina española y es justo destacar entre otros a Cándido, Lucio, Arzac, Larrumbe, Adriá, Arguiñano y en la cocina local destacar a Raimundo que consiguió incluir a su establecimiento en el cuadro de honor de los mejores restaurantes de España.

Nuestros restauradores se basaron en las materias primas autóctonas propias de sus zonas o territorios y así el Sur de España se caracteriza por el gazpacho y pescaditos fritos, el Levante por sus arroces y verduras, el Centro se distingue por sus asados, La Mancha por sus quesos, el Norte por su guisos y en definitiva se hace verdad el refrán que dice que «en el Sur se fríe, en el centro se asa, en el norte se guisa y en Galicia se cuece». Decía Adkinson que comer en España ha sido un antojo, un ensueño, un auténtico festín.

La globalización, otra vez la globalización, está provocando la unificación de gustos y tendencias y salvo honrosas excepciones, lo normal es la incorporación a nuestra cocina de lo que se ve en otros países cuando quizás lo sensato sea educar al turista en el descubrimiento de la gastronomía de altura, en las cuidadas recetas de la cocina de nuestro tiempo para que comience a exigirlas en sus posteriores viajes.

En definitiva, la cocina forma parte de nuestra cultura, constituye una forma de exteriorizar nuestros sentimientos y manera de ser, es parte de nuestra formación intelectual, pues la cocina, como ocurre con otras artes ignora las barreras del lenguaje y permite un contacto directo, físico e incluso afectivo con nuestra cultura.



Vocento