«El edificio es un espacio de diálogo con el entorno»
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CARLOS BRUGAROLAS ARQUITECTO DEL TEATRO VILLA DE MOLINA
«El edificio es un espacio de diálogo con el entorno»
La obra ha sido concebida para mantener una relación de intercambio con la sociedad a la que sirve
Foto
OBRA. Imagen de la fachada del teatro Villa de Molina / JULIÁN PIQUERAS
La cultura y la sociedad han mantenido desde siempre una reciprocidad que ha permitido la evolución de ambas. De esta premisa parte el arquitecto para confeccionar una obra que va más allá del mero objeto arquitectónico.

- ¿Qué aspectos destacaría del teatro?

- Creo imprescindible una matización previa. Tanto la propiedad como nosotros pretendimos desde el principio un edificio que fuera capaz de dar respuesta a diversas programas culturales. Se ha tratado de huir de la concepción clásica de inmuebles con uso unívoco para configurar un edificio hábil para programación teatral, musical, expositiva, conscientes por un lado de los límites profundamente imprecisos entre las diversas manifestaciones culturales contemporáneas y las expresiones formales actuales de cada una de ellas, cada vez más abiertas. La concepción del edificio como tal y la solución de sus diversos espacios ha querido responder a este panorama complejo; nadie tiene inconveniente en llamarle Teatro pero somos conscientes que es algo más que un teatro. Su configuración admite grandes espectáculos teatrales, teatro experimental y teatro de pequeño formato, conciertos de música sinfónica, coral, instrumental o de cámara; pequeña ópera y zarzuela; café concierto, o música informal; exposiciones o cualquier otra manifestación cultural. Esta cuestión implica en la práctica toda una problemática pues muchos de los usos que se le van a exigir pueden implicar respuestas aparentemente contradictorias o difíciles de aunar. Como ejemplo citaré tan solo que la acústica de las salas ha tenido que estudiarse para música y voz, siendo diferentes los parámetros de reflexión y calidad del sonido, tiempos de reverberación, etc., diferentes para un caso y otro.

- ¿Qué filosofía ha guiado su elaboración?

- Del mismo modo que nuestra metodología proyectual ha intentado ser consciente de este contexto en el que la programación cultural es más diversa y transversal, hemos querido ser igualmente sensibles a una visión abierta de la propuesta y difusión cultural. Entendemos que la cultura no es la producción que una elite propone a un sector de la sociedad especialmente predispuesta sino la expresión de un pueblo, la toma de conciencia de su identidad y la reflexión critica sobre la tradición y el momento presente. En ese sentido hemos desplegado todos los recursos que proporciona la arquitectura para ofrecer espacios abiertos al exterior, que manifiesten la actividad que se genera en el interior, que fueran capaces de evocar relaciones con el entorno inmediato, que prolongaran su ámbito sobre la plaza, recursos estos que sugieren una concepción cultural arraigada, contextualizada, transparente, que tiene que ver con la realidad de las personas y sus intereses, ajena al hermetismo de una disciplina abstracta. Con esta preocupación se ha diseñado el carácter abierto y acogedor del gran espacio exterior de acceso, que pretendería abrirse y acoger el mundo en ese gesto, la solución acristalada de los espacios de recepción más típicamente retóricos, la posibilidad del tener referencia del exterior desde una de las salas de espectáculo y viceversa, la manifestación al exterior del volumen de la sala de espectáculos,...

- ¿Podríamos definirlo dentro de algún estilo arquitectónico o esta obra es hija de un tiempo donde la mundialización da lugar a un mestizaje arquitectónico?

- Todos somos hijos de nuestro tiempo, con los aspectos buenos y menos buenos. Pero también lo somos de la tradición. Creo que cualquier arquitecto trata modestamente en su trabajo de responder a esta dialéctica. De cualquier modo, soy bastante cauto con estos eslóganes que habitualmente se despachan en todos los ámbitos y que en ocasiones sirven de coartada para evitar una reflexión más personal y critica y en otros casos son la síntesis de una postura con la que creo no estoy excesivamente de acuerdo. El mestizaje cultural atribuido a nuestra época es, a menudo, un axioma políticamente correcto que homologa el valor de todo, un pretexto para no medirse críticamente con la realidad y la propia tradición.

- ¿En qué situación se encuentra, según usted, la arquitectura murciana con respecto al ámbito nacional e internacional?

- Creo que no es una novedad admitir que en nuestro ámbito se desarrolla arquitectura de indudable calidad, tanto por la protagonizada por generación anterior a la mía, como la que lleva a cabo gente más joven.

- ¿Qué elementos destacaría usted de la arquitectura murciana? ¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrenta la arquitectura en la Región de Murcia?

- Observo una gran sintonía de la producción local con lo que desarrolla en otros puntos de España o Europa. Es un momento de mucho interés. Detecto por un lado una gran inflación de "discurso" asociado a la producción profesional. Es como si se hubiera vuelto a otras épocas (hablo de los años 20 y 30), igualmente interesantes, en los que desde nuestra disciplina se hacía el esfuerzo de ser programática, de proponer manifiestos de valor meta-arquitectónico. No obstante, la diferencia fundamental con esta época a la que me refiero es que el "discurso" contemporáneo es mucho más homogéneo, menos crítico y más abstracto. El reflejo de ello es que tiene -es mi modesta opinión- menos capacidad de establecer diálogo, es un ejercicio cada vez más autista. Por otro lado, se hace excesivo énfasis en cuestiones epidérmicas de la arquitectura, en aspectos ligados a la apariencia formal de lo construido, con resultados -por cierto- en los que habitualmente se opta por la abstracción como renuncia a la definición sobre cuestiones ligadas a lo real.

Y mientras vivimos este momento de gran intensidad en el trabajo profesional sobre cuestiones ligadas a la forma, a lo accidental, con un gran nivel de investigación y experimentación, con resultados muy interesantes, aprecio una menor atención a cuestiones ligadas a lo sustancial, a aspectos de fondo, al uso, al programa funcional, investigación que por lo menos a mí, me resulta todavía más sugestiva.

- En un lugar como Murcia donde los recursos hídricos son limitados y el sol es un elemento casi perpetuo ¿Existen iniciativas en la Región de Murcia de la llamada arquitectura sostenible? ¿Qué opinión le merece este tipo de arquitectura?

- No hay que ser dogmático en el uso de ciertos apelativos. Adjetivos como sostenible, inteligente o bioclimático los usamos a menudo como aval para cualquier tipo de operación. Veo más adecuada una postura realista en la profesión: los primeros datos que hay que respetar es el clima y el uso, pero inmediatamente después hemos de pensar en el costo, la eficiencia energética, el mantenimiento.

Es curioso apreciar que la arquitectura más reputada, tanto en nuestra región como en el ámbito nacional moviliza enorme presupuesto. Parece como si solo fuéramos capaces de hacer buena arquitectura con enormes presupuestos: con materiales, tecnologías y sistemas constructivos de extraordinario costo. Echo en falta una conciencia más crítica sobre el presupuesto. Quizá se desconfíe de la capacidad que tiene nuestra profesión para emocionar desde la sencillez y recurriéramos al valor seguro de ciertos artificios. Creo que hemos de superar ciertos complejos de nuevos ricos.



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