Acercarse al vino y a su historia.
Adentrarse en las entrañas de una bodega
milenaria. Inmiscuirse en una cultura que cada
día cobra más protagonismo en la
Región. Todo esto y mucho más ofrecen
los museos del vino de la Región.
El Museo de Bullas es un espacio que nace como
respuesta a la tradición vitivinícola
de la comarca y que se concibe como un centro
de servicios y actividades relacionadas con la
promoción turística y cultural de
la localidad y de uno de sus recursos más
valiosos: el vino.
La disposición es fundamental para absorber
al máximo las enseñanzas que el
Museo quiere transmitir. Hay que dejarse llevar.
Olvidarse de otros parajes y centrar el entendimiento
en todas y cada una de las enseñanzas que
en este museo se proponen.
Unas escuetas informaciones de geografía
sitúan al visitante. Bullas y su comarca
se abren a los ojos viajeros. Unos paneles explicativos
y luminosos dejan ver, entre otros datos, la extensión
que ocupan las viñas. Es el primer contacto
con un mundo que centrará todo el recorrido
posterior. Con los pies bien puestos sobre el
mapa regional se deja paso a la historia. Un audiovisual
habla del pasado, de civilizaciones perdidas,
de vestigios encontrados. Por medio de imágenes
y unos cuidados efectos luminosos, el visitante
logra abstraerse. Ya nada de lo que hay en el
exterior le perturba. Durante unos minutos, que
rozarán alguna hora, sólo el vino
ocupará su mente.
La estancia se ha quedado a oscuras, unas cortinas
ascendentes comenzarán a descubrir la recreación
de lo que antaño eran los quehaceres diarios
en una bodega regional cualquiera.
A partir de ahora, y descendiendo por las escaleras,
todo lo que el visitante podrá encontrar
es puramente didáctico. La tipología
de suelos de la comarca y el clima, las diferentes
partes de la vid como planta, las variedades de
uva amparadas por el Consejo Regulador de Bullas,
las fases del cultivo de la vid (plantación,
injerto, poda y vendimia), la vinificación
y los procesos de envejecimiento y embotellado
darán una fiel idea de cuales son todas
las circunstancias que hacen posible que un vino
aparezca a los ojos de los comensales con la fuerza
y el cuerpo necesarios para poder agradar.
Pero, sin duda, una de las partes más llamativas
de todo el museo es la que alberga la zona de
la bodega. No hay que olvidar que todo el edificio
en el que se ha situado este museo fue hace ya
algunos años una bodega original que perteneció
inicialmente a la familia Melgares de Aguilar.
Gracias a la conservación de gran parte
de los elementos originales, el edificio es el
lugar más indicado para mostrar a los amantes
del vino cómo es y cómo era la actividad
vinícola de la comarca de Bullas.
Con las tinajas enterradas en el suelo, los amplios
muros que las resguardaban y le daban la temperatura
ideal, con las pintadas de las cantidades de uva
y las añadas grabadas en la piedra y la
madera original de las tapas, el visitante puede
echar la mirada atrás y comprobar cómo
hace cientos de años el vino ya conformaba
el sustento anual de algunas familias de la Comarca.
Un tesoro en Jumilla
Ascendiendo hacia el altiplano y situado en la
localidad de Jumilla tiene su sede el segundo
museo del vino de la Región. Ubicado en
la casa donde vivió su fundador, Juan Carcelén
Herrero, este espacio lleva abierto al público
desde 1970. El museo se articula en ocho espacios
diferenciados y los artículos en él
expuestos se ordenan siguiendo una cronología
de uso. El eje principal es una típica
cocina de las casas de labor jumillanas. La temática
de la vid y el vino está documentada por
una variada serie de colecciones de manufacturas
técnicas y etnográficas. Instrumentos
para todos los trabajos de viticultura, de la
vendimia y del transporte de la uva. Grandes prensas
y distintos artilugios de prensar separan los
espacios temáticos. Diferentes envases,
odres, antiguas damajuanas, ánforas vinarias
romanas, griegas y precolombinas y dos grandes
y raros toneles, junto a un muestrario completo
de herramientas de tonelería, completan
la exposición.
Para dar la redondez necesaria a
la muestra, en ella también se puede encontrar
una colección de antiguas medidas, botellas,
jarras, frascas y copas de cristal soplado para
el servicio del vino. Cerámica ornamentada,
grifería de bronce, venenciadores, raras
pipetas de cristal y metálicas, catavinos,
encorchadoras y diverso material relacionado con
el embotellado luce impecable en las salas. Objetos
de laboratorio enológico y gran variedad
de piezas curiosas completan junto a una talla
del dios Baco, un conjunto que representa todo
el mundo del vino y su cultura, la cual ha sido
legada en Jumilla desde hace casi 2.000 años.
|