El descenso del turismo de sol y playa en España y las nuevas tendencias de ocio están impulsando la creación de nuevos productos turísticos especializados, como el turismo enológico, que comienza a organizarse en torno a rutas por las zonas vitivinícolas. Estos recorridos aglutinan una oferta hotelera vinculada al turismo rural y una oferta gastronómica y cultural de museos y visitas a bodegas, que en muchas zonas ya está ampliamente desarrollada, como quedó de manifiesto durante el II Congreso Nacional de Enoturismo.
Este es el caso de la Ruta del Vino de Castilla-La Mancha-Valdepeñas, la de las Rías Baixas (Galicia), Utiel-Requena (Comunidad Valenciana) y L'Alt Penedés (Cataluña), impulsadas desde la Asociación Española de Ciudades del Vino (Acevin) y que serán promocionadas con las nueve restantes -entre las que están las de Jumilla y Yecla- a través de Turespaña. Este tipo de turismo en torno a la cultura del vino ha tenido un gran arraigo en otros países como Italia y Australia, que atraen cada uno a cuatro millones de visitantes al año y California que recibe anualmente cerca de ocho millones de turistas.