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Casi todos los sacacorchos actuales
coinciden en el uso de una barrena simple que
debe ser enroscada hasta traspasar el corcho,
para después simplemente estirar de ella
con las manos y sacarlo
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Tras las vicisitudes históricas sufridas para
conseguir el hermetismo del envasado del vino, finalmente
conseguida con la botella, era lógico que el
orificio por donde se llenaba, posteriormente había
que cerrarlo "a cal y canto".
El siguiente paso, el más apasionante, era abrir
la botella cuando se quisiera y disfrutar de su contenido.
Para ello era necesario superar el reto de extraer ese
corcho, flexible y adaptable, de la forma más
fácil, limpia y práctica.
Así, como consecuencia del encorchado, nació
el descorchador.
También se conoce con el nombre más habitual
de sacacorchos y es uno de los artilugios más
antiguos relacionados con el vino.
En el siglo XVII aparecen los primeros testimonios escritos,
hacia 1660, comentando el uso de las "espirales,
gusanillos, tornos o barrenas" para extraer el
corcho de las botellas.
Desde el inicio de su uso comenzaron a aparecer infinidad
de modelos, tipos y variantes que iban sucediéndose
buscando la adaptabilidad y sobre todo la facilidad
de uso, conforme también se extendía el
embotellamiento del vino que rápidamente se iba
haciendo más y más habitual.
En un principio el uso de botellas de cristal soplado,
con desigualdades y ninguna uniformidad, complicó
bastante la operación de descorche. Tras la aparición
en el siglo XVIII de las botellas de "molde"
se aceleró la inventiva y creación de
diferentes modelos, con patentes sobre todo de Inglaterra,
Francia y Estados Unidos.
Hoy día, existen infinidad de modelos con grandes
diferencias y con mecanismos muy originales que son
muestra del ingenio del hombre buscando la máxima
funcionalidad mediante el diseño.
Originariamente tras el encorchado de las botellas,
se procedía a "sellar" con lacre o
cera mediante la grabación en relieve de un sello
exclusivo y personalizado del vinicultor o comerciante
que vendía el vino, como primera medida para
garantizar su pureza y origen.
Antes del descorchado era necesario limpiar la boca
de la botella y la superficie del corcho, de los restos
de ese sello de lacre que previamente se rompía,
y para ello algunos modelos originarios de descorchadores
llevaban acoplados en su empuñadura un pequeño
cepillo o pincel para tal función.
Los diferentes modelos actuales casi todos coinciden
en el uso de una barrena simple que debe ser enroscada
hasta traspasar el corcho, para después simplemente
estirar de ella con las manos y sacarlo; o bien en los
más cómodos, esta barrena puede ir acoplada
a algún tipo de mecanismo de apoyo, resorte,
mango móvil o palanca sobre el que gira y una
vez enroscada se acciona para destapar la botella, con
más facilidad.
Actualmente la diversidad de tipos de corchos en cuanto
a longitud hace que existan sacacorchos determinados
para cada tamaño, pero en general una de las
primeras condiciones que debe cumplir este utensilio
es poder sacar en principio cualquier tipo de corcho,
desde los más cortos hasta los más largos;
para lo cual su barrena o espiral debe tener un tamaño
suficiente para todo tipo de corchos.
De cualquier manera la operación perfecta de
descorche requiere no llegar a atravesar totalmente
el corcho, deteniendo la operación de taladro
un poco antes de su final, consiguiendo así la
máxima sujeción pero evitando que caiga
al vino serrín o partículas de ese corcho
roto, que en caso de que ocurriera habría que
decantar y separar.
Con determinados corchos, de baja calidad o en ocasiones
muy viejos, con mucho tiempo puestos en las botellas,
puede fácilmente ocurrir que no aguanten el "tirón"
del sacacorchos y partirse, romperse, con el riesgo
de quedar la mitad del tapón dentro de la botella
y en posición más difícil de la
original; será necesario entonces incluso empujar
esos restos hacia el interior de la botella y proceder
con máximo cuidado a extraerlos con otros utensilios
"sacatrozos" adecuados para ello.
Existen unos descorchadores diseñados especialmente
para las botellas con mucho tiempo encorchadas, son
los llamados sacacorchos de lengüetas o laminares,
cuyo uso consiste en despegar de las paredes de la botella
el corcho y extraerlo con un movimiento de rotación
y traslación hacia el exterior. El corcho no
sufre ningún desperfecto ni soporta ninguna fuerza
de tracción.
A finales del siglo XIX apareció el sacacorchos
de palanca única, con un brazo articulado que
mediante una hendidura ejercía presión
sobre la boca de la botella.
Acababa de nacer la primera versión del sacacorchos
de camarero, inventado por Dan Davis, cuya vigencia
con nuevas versiones modernizadas se ha prolongado hasta
nuestros días.
Otro tipo de sacacorchos muy novedosos son los que bombean
aire mediante una fina aguja que atraviesa el corcho
hasta esa cámara que queda entre el nivel del
líquido y el corcho. Una pequeña presión
del aire insuflado hace que el tapón "resbale"
hacia el exterior y salga de manera similar al descorche
de una botella de cava, produciéndose un pequeño
ruido de presión.
Actualmente la tendencia en la evolución de los
modelos de descorchadores busca la facilidad y comodidad
de uso, sobre todo tratando de evitar la necesidad de
enroscar y desenroscar de una manera manualmente directa
el corcho.
Toda la operación debe realizarse en dos movimientos
de la forma más cómoda y rápida
posible, de la manera que describe J. Robinson en la
"Encyclopedie du Vin", asociándose
eficacia, estética y calidad de ejecución.
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